El Pintor en la Vida Moderna

De El Arte Romántico
Por Charles Baudelaire
Traducción de Nydia Lamarque 1º edición, 1961, México, Editorial Aguilar.

    (...) Pocos hombres se hallan dotados de la facultad de ver; y menos aún son los que poseen el poder de expresarlo. Ahora, mientras los demás duermen, éste está inclinado sobre su mesa, lanzando sobre una hoja de papel la misma mirada que dirigía hace un momento sobre las cosas, esgrimiendo su lápiz, su pluma, su pincel, haciendo saltar el agua del vaso hasta el techo, enjugando la pluma en su camisa, apremiado, violento, activo, como si temiera que las imágenes se le escaparan, pendenciero aunque solo, y atropellándose a sí mismo. Y las cosas renacen sobre el papel, naturales, y más que naturales, bellas, y más que bellas, singulares y dotadas de una vida entusiasta como el alma del autor. La fantasmagoría ha sido extraída de la naturaleza. Todos los materiales amontonados en la memoria se clasifican, se ordenan, se armonizan y sufren esa idealización forzada que resulta de una percepción infantil, es decir, de una percepción aguda, ¡mágica a fuerza de ingenuidad!

El Modernismo

     Así va, corre, busca. ¿Qué busca? Con seguridad que este hombre, tal como lo he descrito, este solitario dotado de una imaginación activa, viajando siempre a través del gran desierto de los hombres, tiene un objetivo más elevado que el de un simple paseante, un objetivo más general, distinto del placer fugitivo de la circunstancia. Busca ese algo que se nos permitirá llamar el modernismo, pues no se presenta mejor palabra para expresar la idea en cuestión. Se trata para él de sonsacarle a la moda lo que pueda tener de poético dentro de lo histórico, de extraer lo eterno de lo transitorio.

(...) El modernismo es lo transitorio, lo fugitivo, lo contingente, la mitad del arte, cuya otra mitad es lo eterno y lo inmutable...

Mujeres y Mujerzuelas

    (...) Sobre un fondo de luz infernal o sobre un fondo de aurora boreal, rojo, anaranjado, sulfuroso, rosado (pues el rosa revela una idea de éxtasis en la frivolidad), algunas veces violeta (color querido de las canonesas, brasa que se extingue tras un tapiz azul), sobre esos fondos mágicos que imitan diversamente los fuegos de Bengala, se prodiga la imagen variada de la belleza equívoca. Aquí majestuosa, allá ligera, tan pronto esbelta, hasta grácil, tan pronto ciclópea; tan pronto pequeña y chispeante, tan pronto Pesada y monumental. Ha inventado una elegancia provocadora y bárbara, o bien tiende con más o menos éxito a la sencillez que se estila en un mundo más alto. Adelanta, se desliza, baila, rueda Con su peso de faldas bordadas que le sirve a la vez de columpio y de pedestal; y clava su mirada bajo el ala de su sombrero, como un retrato en su marco. Represente muy bien la rusticidad dentro de la civilización. Tiene su belleza que le viene del Mal, siempre desprosvista de espiritualismo, pero a veces matizada de una fatiga que juega a ser melancolía. Fija la mirada en el horizonte, como el animal de presa; igual extravío, igual distracción indolente Y también, a veces, la misma fijeza de atención. Tipo de bohemia que vaga por los confines de una sociedad regular, la trivialidad de su vida, que es una vida de astucia y de combate, se deja ver fatalmente a través de su envoltura de aparato.

 

Volver a pagina de inicio

 

 

Contacto: info@lamaquinadeltiempo.com

..............................................................................................................................................