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POE o la Imaginación Transfigurada en Arte Por Tomás Barna En algunos seres, de sensibilidad privilegiada, el instinto permanente, inmutable, de la muerte... gravita profundamente así como gravita el instinto de la vida. Poe fue uno de esos seres singulares cuyo espíritu se abría, sin cesar como un abismo, ante los embates de la naturaleza de su Boston natal y en medio de la ferocidad humana que lo atenaceaba. Había una verdad telúrica que supo ir asimilando luego de habérsele incrustado en las entrañas. Y poseía la capacidad de sentir la soledad aniquiladora que padece el hombre en su paso por la tierra como así también el dolor de percibir esa cruel, irónica, paradoja que significa nacer para tener, irremediablemente, que morir. Poe es el eterno poseído por el afan de descubrir los misterios del ser y del MAS ALLA; el anhelante poseedor de destinos futuros; el ubérrimo creador de la sorpresa y del suspenso en el cuento; el gestador insomne de lo fantástico, lo sobrenatural y el horror sublimado siempre por el soplo de la poesía en narraciones extraordinarias donde se amalgaman con fluidez asombrosa el frenesí y una exuberancia plena de prodigios en el área de la imaginación... con la lucidez, coherencia y exactitud en el análisis, las facultades deductivas y el conocimiento propio de un científico y un criminólogo, todo lo cual entra en el terreno de la razón. De su genio brota, con la fuerza y la transparencia de un manantial, el horror provocado por el descubrimiento de esos vastos horizontes que se abren al misterio de la muerte, horizontes a los que él se asoma porque palpa que el terror yace en lo más hondo del ser. Pero Poe asume con gran valor, con una entereza indomable, el horror al vacío y lo convierte en obras maestras de la literatura y en poemas dotados de una sutileza, un lirismo y una musicalidad que le hacen adquirir los catacteres de lo maravilloso. Edgar Allan Poe es tan original en su forma de concebir y de plasmar sus obras que escapa a todo encasillamiento. El ensayista Paul Dermée lo definió así: "Representa él solo, todo el movimiento romántico ¡y además cuán clásico! en los Estados Unidos, como un aerolito surrealista caído en el país de la realidad escueta." Muchos de los grandes escritores (todos ellos poetas tanto en el verso como en la prosa) qué sucedieron a Poe receptaron su flujo espiritual, siendo el más afín sin lugar a dudas Charles Baudelaire, quien llegó a exclamar: "La primera vez que abrí un libro de él vi con espanto y arrobamiento no sólo temas por mí soñados... sino frases por mí pensadas y por él escritas veinte años antes." La impronta de Poe se puede advertir en algunas obras de Villiers de L' Isle Adam, Barbey d 'Aurevilly, Gérard de Nerval, Charles Nodier, Mallarmé, Paul Valéry, Oscar Wilde y hasta en nuestros Borges y Abelardo Castillo, cada cual por supuesto con su talento y estilo peculiares. Y a no olvidar a esos dos narradores singulares, maestros de lo insólito y lo sobrecogedor: Horacio Quiroga y Franz Kafka. Poe se sitúa entre Hoffmann y Maupassant (antes aún que Borges) en cuanto a la captación del OTRO. Ante los espejos persiste en esperar la desaparición de la imagen del OTRO... para poderse ver. Mediante sus sueños, impulsado por sus delirios analizados con una precisión matemática (lo que aumenta el desconcierto y a la vez la admiración del lector) su figura (mediante extrañas metamorfosis) se desdobla en personajes que se fusionan con otros, se transfiguran en fantasmas, en sombras, la muerte queda detenida, el cuerpo de un amigo permanece sin caer en estado de disolución no obstante ser ya cadáver, y esto debido a la acción del poder hipnótico (aplicando las teorías y experiencias de Mesmer). Aunque todos estos fenómenos y hechos parecen concretarse fuera de su ser, suceden en realidad dentro de su mente. Y si Poe nos trasmite lo inquietante y lo espantoso de esas vibraciones metafísicas y metapsiquicas, un nuevo pavor se apodera de nosotros (lectores) al adquirir conciencia del logro magistral del autor de "LIGEIA": hacernos creer, sentir verosímil lo inconcebible, lo inabordable, sumergirnos en los misterios del ser y del no-ser, de la vida y de la muerte, y todo ello por medio de una naturalidad, una frescura, una fluidez en la narración, que disimula una elaboración meditada con la profundidad y exactitud propias de un científico. Y el resultado de esta combinación entre el delirio, la imaginación poética, una sensibilidad exquisita y el anhelo incontrolable de pasar todo por el tamiz de la razón... no puede ser otro que una OBRA DE ARTE: ¡éste es el legado que nos llega desde el estro de Edgar Allan Poe! Entremos, aunque sólo sea ligeramente, en contacto con algunas de sus reflexiones sobre la IMAGINACION y el ARTE: "La Imaginación pura elige de la Belleza o la Deformidad sólo las cosas más combinables no combinadas antes; la mezcla, como una regla general, participa en carácter de belleza o sublimidad en proporción a la respectiva belleza o sublimidad de las cosas combinadas, que han de considerarse todavía como atómicas, es decir como combinaciones previas. Pero, como a menudo sucede análogamente con la química física, no infrecuentemente ocurre en la química del intelecto: que la mixtura de dos elementos da por resultado algo que no tiene ninguna de las cualidades de uno de ellos, o incluso ninguna de las cualidades de cada uno. De esta manera, la extensión de la Imaginación es ilimitada. Sus materiales abarcan, desde el principio hasta el fin, el universo. Hasta con deformidades crea esa Belleza que es a la vez su único objeto y su prueba inevitable." Y en una de sus meditaciones metafísicas, titulada "EL VELO DEL ALMA", nos murmura: "Si fuera llamado a definir, muy brevemente, el término ARTE, lo llamaría "la reproducción de lo que los Sentidos perciben en la naturaleza a través del velo del alma". La simple imitación, aunque exacta, de lo que está en la naturaleza, no titula a ningún hombre con el título sagrado de ARTISTA.... He mencionado "el velo del alma". Algo de este tipo parece indispensable en el ARTE. Podemos, en cualquier momento, duplicar la belleza verdadera de un paisaje real entrecerrando nuestros ojos cuando lo miramos. Los Sentidos desnudos a veces ven poco, pero entonces siempre ven demasiado." Como complemento, y clave de su estética, nos entrega hablándonos de su fantasía creadora estos pensamientos vertidos en su "MARGINALIA": "Esas fantasías" traen consigo un éxtasis más exquisito y profundo que cualquier otro experimentado en el mundo de la vigilia, o de los sueños, lo mismo que el Cielo de la teología nórdica está allende de su Infierno. Contemplo esas visiones, aun en el momento en que aparecen, con un pavor que en cierta medida modera o tranquiliza el éxtasis; las contemplo así debido a la convicción (que parece una parte del propio éxtasis) de que ese éxtasis en sí mismo es de un carácter sobrenatural frente a la Naturaleza humana. Es una vislumbre del mundo exterior del espíritu; y llego a esta conclusión -si es que este término puede aplicarse a una intuición tan espontánea por el hecho de haber percibido que la delicia experimentada tiene, como único elemento, lo absoluto de su novedad. Digo lo absoluto, porque en esas fantasías (permítaseme ahora calificarlas así partiendo de impresiones psíquicas) no existe en realidad nada que siquiera se asemeje a las impresiones corrientes. Es como si los cinco sentidos hubiesen sido suplantados por cinco mil... ajenos a la mortalidad." Y no olvidemos que lo que Poe revela aquí es una de las cuatro condiciones para gozar de la felicidad, de lo cual nos habla en otro ensayo al afirmar que dichas condiciones son: "la vida al aire libre, el amor de una mujer, la indiferencia hacia toda ambición y la creación de una estética original." Ahora ¿cómo logra Poe otorgarle vitalidad y vigencia permanente a esa estética convertida en creaciones literarias alucinantes y narraciones de asombrosa perfección como asimismo poemas de una belleza musical, de contenido y de forma que deslumbran? En la fusión del sueño con la vigilia se produce, en Poe como en otros espíritus lunares, poseídos por la "nocturnidad" (Aloysius Bertrand, Nerval, Baudelaire) una caída en el "abismo" (en esa suerte de nada que es el vacío existencial). En esa caída espantosa surge el primer pavor que, en el mismo instante de nacer... crece: da la exacta sensación de un síncope. Poe intuye, palpa y se nutre de ese vacío aniquilador de las profundidades y nos proyecta esa conmoción interior tremenda... utilizando imágenes dinámicas transparentes y un lenguaje conciso y a la vez pleno de sugerencias, con lo cual nos trasmite el hechizo del vértigo como si nos sometiera a una sesión de hipnosis arrojándonos con él y con sus personajes a ese abismo sin fin por donde vamos atravesando espacios estremecidos por un silencio globular que nos arroja en el núcleo mismo de la nada. Pero durante esta caída van surgiendo en nuestro ser goces indecibles tales como los que provocan los temas de la muerte, la soledad, la tristeza del desamparo... cuando nos conmueven hondamente, con infinita intensidad, bajo el sortilegio fascinante del Arte y de la Poesía. Poe, desde sus noches cargadas de infinitud, atravesadas por revelaciones macabras y ansias de retener la belleza y la vida de su amada, nos hace experimentar sus propios estremecimientos provocados por un orbe que como expresara Baudelaire "está poblado de movimientos repentinos, violentos, de grandes gritos arrojados al aire sin que el espíritu los haya mandado a la garganta." Termino esta recordación de Poe con un silencio. El silencio cómplice de ese vacío que Ie brindó plenitud letal a su existencia, pero plenitud de la cual brotó la potencia visionaria, el lirismo renovador y la maestría narrativa de su Obra de Arte Consumada. Silencio de abismos. Silencio de cumbres. ¡Silencio¡
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