Salvador Elizondo por sus contemporáneos

La escritura del placer se enrosca como una víbora o una liana -como una interrogación. Es una pregunta que estrangula o que, al menos, inmoviliza a su objeto. Y la respuesta a esa pregunta, si es que efectivamente la muerte es una respuesta, es un garabato: un signo no sólo indescifrado sino indescifrable y, por tanto, in-significante. Así pues, la traducción de este signo (que es la marca de nuestra mortalidad) nunca puede ser literal. Por eso Elizondo no escribe ni ensayos de filosofía ni tratados de erotología. Escribe novelas: metáforas de una realidad que siempre se nos aparece, ella misma, como signo, como metáfora.
Octavio Paz
El signo y el garabato, Joaquín Mortiz, 1973.


A diferencia de la mayor parte de los escritores latinoamericanos contemporáneos, Elizondo rechaza el caleidoscopio histórico y telúrico, social y político, psicológico y mitológico. "El suplicio -dice- es una forma de escritura." Sin embargo, esta rebusca del ser, esta espera angustiosa del éxtasis, esta tortura deliciosa y horrible humaniza paradójicamente el desconcierto de los personajes, sumerge en un universo "pánico", en el sentido arrabaliano del término. "¿No somos por casualidad nada sino una imagen borrosa sobre un trozo de vidrio?"
Claude Fell
Estudios de literatura hispanoamericana contemporánea,
SepSetentas, 1976.


Salvador Elizondo (México, 1932) es uno de los escritores de nuestra lengua que más tiene en cuenta al lector; afirmar esto puede resultar extraño referido a alguien de tan fuerte tradición mallarmeana, para el que un concepto subrayadamente social como el de comunicación es, en principio, lejano. Pero Elizondo tiene en cuenta al lector no para halagarlo ni para amodorrarlo, tampoco para adaptar su proyecto literario a expectativas ancilares -tarea tan bien desempeñada por una narrativa dispuesta a vender el mismo libro todos los años- sino porque espera del lector un acto verdadero de lectura, de creación que, en rigor, comienza con el acto de escritura/lectura del autor mismo.
Juan Malpartida
Prólogo a la Narrativa completa de Salvador Elizondo, Alfaguara, 1997.


Con excepción de Elsinore... y de la memoria infantil de "Ein Heldenleben", los espacios creados por Elizondo se orientan hacia un locus solus: isla desierta, ciudad deshabitada, sala de quirófano, vastas estancias de magnitud sobrecogedora como las de Piranesi, islas pobladas de museos, ciudades desconocidas, espacios mentales donde el horizonte se extiende con la imaginación mientras el escritor, distraído de las lecciones bobas de la cultura, se mira escribir y aprende a leer a medida que escribe.
Adolfo Castañón
Arbitrario de literatura mexicana, Editorial Vuelta, 1993.


"Salvador Elizondo es en su generación un escritor que se singulariza por creer que la literatura no sólo es emoción, descripción, conocimiento, sino belleza. Él supo con la palabra descubrir la belleza de la relación que hay entre los objetos, entre los actos, entre las personas; ése es el secreto de su obra, ése es el matiz que lo singulariza dentro de la generación a la cual pertenece. Su pérdida es una desgracia de verdad para la continuidad de esta literatura y para quienes aparte de nuestra amistad, creímos siempre en él como un gran escritor. Toda su obra es excelente, pero yo prefiero Farabeuf. Es un texto que aparece en la literatura como una piedra que cae en un mar tranquilo y produce muchas olas. Es un libro diferente, lleno de matices, de gracia, de detalles, lleno de maldad, bondad. Tiene todo lo que deben tener las grandes obras literarias".
Alí Chumacero


"La muerte de un gran escritor siempre es motivo de pena. Salvador fue el iniciador de un estilo único. Ha tenido imitadores pero ninguno de ellos ha logrado la pureza de estilo, la claridad que tenía Salvador. Por eso es un motivo de gran pena su muerte y el mejor homenaje que podemos hacerle es memorizarle. Lo fundamental de su obra es Farabeuf y lo que importa, lo que queda sobre todo es el lenguaje. Un lenguaje que él inicia, cultiva y que lleva hasta sus últimas consecuencias, tanto en "Narda o el verano" como fundamentalmente en "Farabeuf". Su narrativa es originalísima, sale de todos los patrones establecidos y busca su propio camino",
Hugo Gutiérrez


El segundo, "Teoría del infierno", una recopilación de artículos y ensayos, pertenece a uno de los creadores de prosa e ideas más fino y cuidadoso que haya leído. No hay palabra y frase que no tengan una razón de ser en sus textos. Visualmente impecable, tiene ideas claras y simples pero de consecuencias catastróficas ("mueven el tapete", hacen pensar). De frases largas que se antoja leer en voz alta y conceptos que suenan a conjuros. Y por si fuera poco, Salvador Elizondo es el único escritor que conozco que piensa como fotógrafo y no como escritor.
Adolfo Ramirez

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