14 de agosto

Por Thomas Bernhard
Traducción: Gabriel Ferrater

Quisiera tener un amigo en quien confiar. Un amigo
con quien aconsejarme.
Pero no tengo a nadie, y si tuviera a alguien -de todos
modos hay límites a lo que uno
puede exigir de los amigos.
Siempre he sido bastante solitario.
He acarreado mi soledad por entre la multitud,
como el caracol su casa. Para algunos,
la soledad no es una circunstancia en que
han ido a dar, sino un rasgo del carácter.
Y mi soledad me ha enseñado una gran verdad:
ocurra lo que ocurra,
tanto si las cosas salen bien como si salen mal,
mi «castigo» será
siempre la prisión perpetua en incomunicación.

 

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