El Mendigo

Por Pablo Antonio Cuadra

 

Pues su demonio sólo puede permanecer

En los sitios donde la limosna es segura

Rimbaud

 

Su mano era la última embajada de su miseria.

En su mano estaba su mirada

como una vertiente seca.

Estaba su corazón

como una ciudad destruida.

La había tendido a ti

como quien envía a su último hijo

al lejano país de la vergüenza.

 

Tú nunca comprenderás esa tormenta

Que azota con su viento insufrible

La desolada comarca de su mano.

No comprenderás la aridez,

La indignada negación de la sangre

A negar la pequeña llanura de su imploración.

 

Por eso, a veces, una moneda penetra como un clavo.

Traspasa la delicada palidez de su esperanza.

La fija al árbol, a la cruz, ya para siempre.

 

Tú has crucificado la mano de ese hombre.

Debajo de tu moneda cae una gota de sangre.

 

¡Una gota de sangre!

 

 

 

Volver a pagina de inicio

 

 

Contacto: info@lamaquinadeltiempo.com

..............................................................................................................................................