En la pequeña ciudad sin alegría

Por Constantino Kavafis


En la pequeña ciudad sin alegría
trabaja como empleado en un gran almacén.
Es muy joven.
Espera que pasen dos o tres meses
y que la afluencia de clientes disminuya,
para volver a la metrópoli
y sumergirse en el movimiento, en las distracciones.
Espera, y esa noche, en la pequeña ciudad sin alegría,
está acostado en su lecho, presa del deseo.
Toda su juventud arde en pasión,
hermosa juventud llevada
por el bello arrebato de los sentidos.
En sueños, la voluptuosidad vino a él.
En sueños, cree poseer el cuerpo, la carne deseada.

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